Se buscan 1.200 embarazadas para estudiar los efectos de la contaminación desde la placenta

8 noviembre, 2018
Se buscan 1.200 embarazadas para estudiar los efectos de la contaminación desde la placenta

08 nov (EFE).- Se buscan 1.200 embarazadas en Barcelona. A poder ser, que estén dentro del primer trimestre de embarazo. La salud de los niños del futuro les va en ello. La Organización Mundial de la Salud (OMS) alertó la semana pasada de que el 90% de los niños del mundo respiran diariamente aire tóxico. La contaminación es un problema de primer orden para las autoridades sanitarias y su impacto en la salud no entiende de edades. Es por ello que un grupo de investigadores de varios hospitales de Barcelona han lanzado un llamamiento para reclutar embarazadas y poner en marcha un ambicioso estudio sobre el impacto de la contaminación en la salud prenatal. Los científicos quiere atajar los problemas que causa la polución del aire desde el principio, antes incluso de nacer.

“Sospechamos que las partículas finas [uno de los contaminantes más comunes derivados del tráfico rodado] pueden llegar también al feto. Cualquier pequeña desviación en el inicio de la vida puede tener grandes consecuencias. Un tercio de la inteligencia se determina durante el embarazo“, admite Eduard Gratacós, director de BcnNatal, el servicio de medicina maternoinfantil del hospital Clínic y el Sant Joan de Déu de Barcelona. Estos complejos sanitarios serán los encargados de reclutar, junto al hospital Sant Pau de Barcelona y al ISGlobal, centro impulsado por la Fundación La Caixa, a las mujeres candidatas a participar en el estudio. El objetivo es estudiar cómo actúa la placenta ante la presencia de contaminantes y cómo se desarrolla el cerebro de los niños antes y después del parto.

El impacto de la contaminación en la salud infantil es un viejo conocido de los investigadores de ISGlobal. La entidad ha desarrollado varios proyectos de investigación que constataron la influencia de los contaminantes en el desarrollo cerebral de los niños, antes incluso de nacer. Uno de ellos, por ejemplo, probó que la exposición a contaminantes durante el embarazo ralentiza hasta dos meses el desarrollo cognitivo de los niños. ”Cuando teníamos un marcador de calidad ambiental de la vida prenatal, encontramos que, en función del lugar donde vivían, había un impacto en la estructura del cerebro y esto tiene consecuencias para el resto de la vida”, apunta el doctor Jordi Sunyer, director del proyecto y jefe del programa de Infancia y Medioambiente de ISGlobal. Otras de las investigaciones de ISGlobal, enmarcadas dentro del macroproyecto Breathe, demostró también que la contaminación reduce la capacidad de atención de los niños y que los escolares expuestos a zonas de mayor polución sufren alteraciones en la conectividad y el desarrollo funcional del cerebro.

Este nuevo estudio que han puesto en marcha los cuatro centros barceloneses va un paso más allá de lo estudiado hasta la fecha y se sumergen en las etapas anteriores al nacimiento. En concreto, los investigadores quieren estudiar la evolución de los fetos desde el primer trimestre del embarazo. “Queremos ver si vivir el embarazo en distintas zonas de la ciudad, forman en diferentes cerebros. Y si eso tiene que ver con el desarrollo de enfermedades”, sintetiza Sunyer. Es estudio será prospectivo y prevé prolongarse hasta la edad adulta de los fetos.

El diseño del estudio ya está listo. Según la doctora Elisa Llurba, jefa de Obstetricia y Ginecología del Sant Pau, el seguimiento empezará tras la primera ecografía de las 12 semanas de gestación. Los investigadores someterán a la embarazada a un exhaustivo test de hábitos de vida y dejarán en su domicilio una serie de aparatos para medir la contaminación, el ruido y la temperatura durante una semana. La madre también tendrá que portar durante 48 horas una mochila que mide también la contaminación en el entorno donde ella se relaciona habitualmente y un GPS que geolocaliza su posición “para detectar los picos de contaminación”. Durante una semana, la participante tendrá que llevar una pulsera que mide su actividad física y geolocaliza también sus movimientos.

Todo este proceso se repetirá también a las 32 semanas, cuando los investigadores harán otra ecografía. También se le realizará una analítica inicial y se tomarán muestras de orina al principio y al final del embarazo. En el parto, se tomarán muestras del cordón umbilical y la placenta y se seguirán haciendo controles periódicos al bebé y test del desarrollo neurológico del niño a los seis, 12 y 18 meses. “La madre y el feto no van por separado. La placenta seguro que explica muchas cosas y pensamos que puede ser un punto clave para explicar el impacto de la contaminación”, augura Llurba.

Los investigadores sospechan que el impacto de la contaminación llega incluso a la etapa preconcepcional. “Esperamos encontrar que, realmente, la contaminación atmosférica tiene un impacto estructural en el desarrollo del cerebro y la formación del cuerpo”, zanja Sunyer.