OPI – Luchan en Argentina para poder abortar con licencia

Luchan en Argentina para poder abortar con licencia

21 mayo, 2018
Luchan en Argentina para poder abortar con licencia

Buenos Aires, 21 may (Agosto).- El debate sobre la despenalización del aborto en el Congreso argentino ha roto el silencio de las mujeres que interrumpieron su embarazo.

Era viernes por la noche, recuerda Daniela Domínguez. Estaba en casa con su nueva pareja. Había avisado a una amiga médica para que la acompañase a un servicio de guardia de Buenos Aires si había alguna complicación. Tenía preparadas cinco pastillas: una de mifepristona y cuatro de misoprostol. Primero tomó la mifepristona y al cabo de una hora las cuatro pastillas de misoprostol de forma sublingual durante 30 minutos. Recuerda que comenzó un sangrado muy leve, que se acentuó con el paso de las horas “hasta ser parecido a una menstruación. Se había quedado embarazada sin desearlo y no quería ser madre de nuevo en este momento, a punto de terminar la carrera docente, con trabajos inestables, una hija a cargo y una pareja con la que recién empezaba. Tuvo un aborto con medicamentos. Se sintió “aliviada”.

A Luciana, de 47 años y madre de tres hijos, el mundo se le vino abajo cuando se hizo una prueba y descubrió que estaba embarazada por cuarta vez. “Pensé que era la menopausia”, dice. Le retiraron el DIU que llevó durante cinco años y no consiguió que le pusieran otro. “Me dieron mil vueltas en el hospital porque me tenía que hacer varios análisis, fueron pasando los meses, perdí una orden, tuve que volver… Trataba de cuidarme naturalmente, pero falló”, cuenta esta cocinera. Una amiga la acompañó a una farmacia donde le vendieron seis pastillas de misoprostol sin receta por 2.000 pesos (80 dólares). “Me dijo que me tenía que tomar tres y tres vaginalmente, pero no funcionó”, relata. Volvió a la farmacia, le vendieron más y le dijeron que si no funcionaba tendría que ir a que le hicieran un raspado. En vez de eso, guiada por otra amiga, llegó a un hospital público. Allí la orientaron para que el paso que estaba decidida a dar fuera lo más seguro posible. “Me dijeron que no me las tenía que tomar, sino tener bajo la lengua media hora”, recuerda. “Aborté con pastillas en casa, sin complicaciones”.

 

Como ellas, cada minuto una mujer aborta en Argentina. No es una cifra oficial, porque no existe, sino una estimación. Un estudio solicitado por el Ministerio de Salud en 2005 calculó que cada año se realizan cerca de 450.000 interrupciones de embarazo. Amnistía Internacional y otras ONG hablan de 500.000. Para la ley argentina, abortar es un delito excepto en caso de violación o riesgo para la salud de la madre, pero las mujeres lo hacen igual. Casi ninguna termina en la cárcel, ni siquiera ante los tribunales, pero abortar en la clandestinidad genera miedo y aumenta los riesgos sobre su salud. 10.000 personas tuvieron que ser hospitalizadas en 2016 por complicaciones derivadas de una interrupción del embarazo insegura y 43 murieron. Una década atrás, las muertes eran más del doble y rozaban las cien. El debate actual en el Congreso para tratar proyectos de ley que despenalizan el aborto ha hecho más visible esta realidad. Hasta hace unos años el método más común era el quirúrgico, pero hoy son cada vez más las que optan por interrumpir el embarazo con medicamentos.

“Somos una sociedad hipócrita. Imaginá que llevan en cana (arrestan) a todas las que abortan. ¿Dónde nos meten? Eso no pasa. Lo que pasa es que si tenés plata abortás de forma segura y si no tenés, terminas en cualquier lugar poniendo en riesgo tu vida o te resignás y tenés un hijo que no deseaste”, dice Romina, de 17 años, con el pañuelo verde de la campaña a favor del aborto legal, seguro y gratuito atado en la mochila. “Yo no aborté, pero acompañé a una amiga de mi edad que leyó en internet cómo usar misoprostol”, agrega. “Hay muchas farmacias donde no te lo venden y es peor así, porque si no es con pastillas lo harán de otro modo más inseguro. Una amiga de mi mamá cuando era piba se tiró por las escaleras y se golpeó la panza a ver si lo perdía.