OPI – El Tribunal de Derechos Humanos condena a España por malos tratos a los terroristas de la T4

El Tribunal de Derechos Humanos condena a España por malos tratos a los terroristas de la T4

13 febrero, 2018
El Tribunal de Derechos Humanos condena a España por malos tratos a los terroristas de la T4

La corte falla que España tendrá que indemnizar a los etarras Portu y Sarasola con 30.000 y 20.000 euros.

La imagen se publicó en todas partes: un miembro de ETA, Igor Portu, estaba tumbado en una cama de hospital con collarín, ingresado en la UCI con un colapso pulmonar, dos costillas rotas, neumotórax y hematomas por todo el cuerpo, horas después de ser detenido por la Guardia Civil. Según el terrorista, había sido gravemente torturado en una pista forestal junto a otro etarra, Mattin Sarasola. Según los agentes, ambos se habían resistido violentamente a la detención y habían tenido que emplear fuerza física para reducirlos. La Audiencia Provincial dio la razón a Portu y Sarasola y condenó a cuatro guardias civiles por torturas y lesiones en diciembre de 2010. El Tribunal Supremo, un año después, revocó la condena y determinó que no había pruebas de torturas y que todo había sido una denuncia falsa de los terroristas. El Tribunal Europeo de Derechos Humanos, en una sentencia hecha pública este martes, obliga a España a indemnizar a Portu y Sarasola con 30.000 y 20.000 euros.

Portu y Sarasola fueron detenidos el 6 de enero de 2008 en Mondragón (Guipuzkoa) portando pistolas y munición. Un año antes, el 30 de diciembre de 2006, habían puesto la bomba en el aparcamiento de la T4 del aeropuerto de Barajas (Madrid) que provocó la muerte de los ecuatorianos Carlos Alonso Palate y Diego Armando Estacio, que se encontraban durmiendo en sus coches. Por ese atentado, que rompió una tregua que había mantenido la banda terrorista desde marzo de ese año, fueron condenados más tarde Portu y Sarasola a 1.040 años de cárcel.

Dos versiones de una detención

Era domingo de Reyes. Quince agentes de la Segunda compañía del Grupo de Acción Rápida de la Guardia Civil estaban en Mondragón (Gipúzkoa) para llevar a cabo labores de reconocimiento sobre la zona. Dos jóvenes con mochila levantaron sus sospechas. Acababan de bajar del monte. Decidieron revisar lo que llevaban e identificarles. A partir de este momento, las dos versiones difieren del todo.

Los dos terroristas aseguran que la detención se produjo sin violencia, que los agentes encontraron pistolas y munición en una de las mochilas, que los esposaron con las manos hacia atrás y les introdujeron en dos vehículos Nissan Patrol (cada uno de ellos acompañado por dos agentes) y que los llevaron a una pista forestal; que allí los insultaron –“hijo de puta, te vamos a matar”-, empujaron, dieron patadas y puñetazos por todo el cuerpo, metieron la cabeza en el río a uno de ellos y los llevaron de nuevo al coche para conducirlos ya a los calabozos del cuartel de Intxaurrondo (en San Sebastián). Esa tarde, durante los registros de sus domicilios en Lesaka (Navarra), Portu empezó a encontrarse muy fatigado y apenas podía hablar. Fue conducido ante el médico forense y de allí hospitalizado de urgencia. Fue ingresado en la UCI del Hospital de Donostia.

Los guardias civiles aseguran, por su parte, que jamás condujeron a los terroristas a ninguna pista forestal. Que ellos se resistieron de forma violenta a la detención en Mondragón y que fue necesario emplear fuerza física para llevarla a cabo. Las lesiones de ambos se habrían producido por su propia resistencia: porque trataron de huir y fue necesario reducirles. Niegan cualquier tipo de agresión física ulterior en los traslados y contextualizan las denuncias formuladas por los miembros de ETA en el ámbito de la estrategia que la organización terrorista diseña para sus miembros: la denuncia de torturas falsas como una forma más de lucha contra el Estado español.

Las lesiones de Portu, que fue quien acabó en la UCI, se habrían producido así: cuando les dieron el alto, el terrorista corrió calle abajo. Un agente salió tras él, le dio alcance y cayó sobre el terrorista, y encima de ellos cayó otro guardia civil del operativo. Dicen que la carrera fue explosiva, cuesta abajo, en sprint, y que una vez en el suelo Portu siguió resistiéndose a la actuación policial, por lo que los agentes tuvieron que emplearse a fondo para lograr detenerlo, agarrándole de todas las extremidades donde era posible, del cuello, del pelo, de los brazos… El arresto se logró reduciendo la violencia extrema que empleó el detenido. Una vez esposados ambos, les habrían conducido en un solo coche (no en dos) directamente al cuartel de Intxaurrondo.

Según los terroristas, la detención fue sobre las 10. Según los agentes, a las 11. El dato es importante, porque de vuelta y ya camino de Intxaurrondo, los coches de los agentes pasaron poco después de las 12 por el peaje de la autopista de Zarautz. Si el arresto fue a las 11, no tuvieron tiempo de pasar antes por ninguna pista forestal; fue a las 10, si pudieron hacerlo.

La Audiencia Provincial de Gipúzkoa condena por torturas

El tribunal dio crédito en parte al relato de los terroristas, quienes sostuvieron que fueron torturados y maltratados en todas las fases de su detención y traslados. Según la Audiencia, en momentos posteriores al arresto no había quedado acreditado ningún maltrato (y absolvieron a los agentes acusados de ello), pero sí apreciaron torturas en ese primer momento.

En los hechos probados de la sentencia aparece el episodio de la pista forestal, donde habrían sido conducidos los dos terroristas para agredirlos. A Sarasola, según la sentencia, “le colocaron una pistola en la sien, le dijeron que le iban a hacer como a Mikel Zabalza, le empujaron, le tiraron cuesta abajo y, cuando estaba en el suelo, le endilgaron una serie de patadas en los costados y en las piernas, así como un elenco de puñetazos por todo el cuerpo, llegando a colocarle una bota del pie en la cabeza”. A Portu, también según la resolución, le dieron patadas en las extremidades inferiores, puñetazos en el vientre y otro golpe, de gran intensidad, a la altura de una costilla, y en repetidas ocasiones le introdujeron la cabeza en un río cercano y le hicieron tragar agua.

El tribunal valoró como consistente la declaración de Portu y Sarasola y aseguró que quedaba avalada con los testimonios de algunos testigos (entre ellos un vecino de Mondragón cercano a la izquierda abertzale que aseguró haber visto la detención y que esta se había desarrollado de forma pacífica y el alcalde del pueblo de al lado, también con vínculos abertzales, que dijo que existía por allí una zona con explanada y riachuelo como la que los terroristas describían como el lugar de las torturas). Sobre todo, la Audiencia entendió que las lesiones acreditadas de los terroristas no eran “compatibles con la dinámica expuesta por los agentes de la Guardia Civil en sus declaraciones”.

A la doctora Sáinz de Trápaga, que reconoció a ambos, Portu le dijo que había recibido malos tratos y que había sido sumergido en el agua “varias veces”. Sarasola, con múltiples contusiones pero de menos gravedad, no le habló de torturas.”Estaba reticente a hablar”, declaró la facultativa. “Tenía una gran ansiedad, le temblaba la voz, estaba lloroso. Solo dijo que tuvo un forcejeo al intentar escapar”. Los forenses del tribunal que analizaron las lesiones de ambos (18 de Portu y 17 de Sarasola) concluyeron que las más graves eran compatibles con su versión.

El entonces fiscal jefe de Gipúzkoa, Carlos Goyena, pidió condenar por torturas a cuatro de los acusados asegurando que no decían “la verdad”. Dijo que tanto Portu como Sarasola eran unos asesinos que persiguen “la destrucción del Estado de Derecho”, pero que esto no les priva de ser también “sujetos de derecho” que pueden sufrir torturas. En este mismo sentido, la sentencia, de diciembre de 2010, consideró que el hecho de que Portu y Sarasola “hayan sido condenados por su pertenencia a la banda terrorista ETA, así como por la comisión de gravísimos delitos de terrorismo, no conlleva privar de toda fiabilidad probatoria a la información que de los mismos provenga”, y que no había quedado acreditado que “su relato sea una fábula o invención realizada con la única finalidad de deslegitimar a la Guardia Civil como institución y a los guardias civiles en concreto que han resultado denunciados”.

La Audiencia de Gipúzkoa condenó a Juan Jesús Casas, el sargento al mando del operativo, por torturas graves y lesiones a cuatro años y medio de cárcel y a ocho de inhabilitación; a José Manuel Escamilla, a dos años y medio de prisión y ocho de inhabilitación; a Sergio García y Sergio Martínez Tomé, también por torturas graves, a dos años de cárcel y ocho de inhabilitación. Absolvió al resto de los agentes del operativo, 11 en total.

El Tribunal Supremo absuelve a los agentes

Un año más tarde, en noviembre de 2011, la Sala Penal del Tribunal Supremo absolvió a los cuatro agentes de la Guardia Civil condenados y criticó además la actividad probatoria de la Audiencia de Gipúzkoa. El alto tribunal consideró que no había quedado desvirtuado el derecho a la presunción de inocencia, “al no resultar debidamente acreditada la comisión de los delitos de torturas o lesiones”. “También debe tenerse en consideración, según el informe técnico de la Guardia Civil, que la estrategia de presentar denuncias falsas y la previa elaboración de ‘kantadas’ se aprende en la llamada ‘eskola’ y todo activista de ETA está obligado a poner en práctica”, señaló el Supremo.

La sentencia, de la que fue ponente el magistrado José Ramón Soriano, no dio credibilidad a los testigos por sus vinculaciones con el entorno abertzale y por “inexactitudes” y “contradicciones” en sus declaraciones. “Con estas reseñas del perfil personal no queremos afirmar”, dicen los magistrados, “que el testigo sea veraz o falso, sino que la previsión del manual de ETA de ‘sacar testigos’ la cumplió la organización, pues es razonable pensar que los propuestos eran personas idóneas y adecuadas para prestar la colaboración que se les pedía, por sus conexiones ideológicas con el mundo etarra”.

Sobre los denunciantes, señala que sus declaraciones no son verosímiles. “Concretamente, en sus declaración afirman que los policías les propinaron patadas y puñetazos en número abundante sin pensar que esa asombrosa e increíble cantidad de agresiones deberían dejar necesariamente huellas, y su ausencia es lo que consigue devaluar o descalificar su testimonio”.

El alto tribunal se basa también en que cuatro peritos que emitieron un informe “reputaron las lesiones compatibles con una detención violenta”, y que los dos forenses de San Sebastián en los que se apoyó la Audiencia de Gipúzkoa para condenar, “no dictaminaron sobre la detención y los forcejeos, sino sobre los malos tratos y agresiones (…) partiendo de un condicionado presupuesto, con todos los visos de falaz”. “No existiendo torturas o no habiéndose acreditado”, concluye el Supremo, procede la absolución de los cuatro guardias civiles condenados.

El Constitucional, más tarde, no admitió a trámite la petición de amparo de Portu y Sarasola, que recurrieron al Tribunal Europeo de Derechos Humanos, que se ha pronunciado hoy.

Agencia.