El nuevo contrato social de Putin con los rusos

21 febrero, 2019
El nuevo contrato social de Putin con los rusos

Moscú, 21 feb (EFE).- El presidente ruso, Vladímir Putin, ha ofrecido a los rusos un nuevo contrato social del que dependerá su legado una vez abandone el Kremlin en 2024 y que hace hincapié en rescatar a los sectores más afectados por la crisis: las familias con hijos, los pobres y los habitantes del mundo rural.

“A más hijos, menos impuestos”, es el principal dogma del contrato, cuyos puntos fueron formulados por Putin en el discurso sobre el estado de la nación que pronunció hoy ante el Parlamento y el Gobierno.

Putin, cuyos índices de apoyo han descendido a los niveles de 2013 debido al aumento de la edad de jubilación y a la caída en picado del poder adquisitivo, aseguró que el Gobierno ruso no cometerá el mismo error que la Unión Soviética.

“Para la gente lo importante es lo que se hace y cómo eso mejora sus vidas y la vida de sus familias. Y no en un futuro, sino ahora. No estamos dispuestos a repetir los errores de las últimas décadas y esperar el advenimiento del comunismo. Hay que cambiar aquí y ahora, cambiar la situación a mejor”, dijo.

Además de la pérdida de popularidad, Putin tiene un motivo para poner en marcha un plan nacional que mejore la vida de los rusos y es el imparable decrecimiento de la población, ya que las tasas de natalidad han vuelvo a caer en los últimos años coincidiendo con el aislamiento internacional del Kremlin y la imposición de sanciones occidentales.

“Los proyectos nacionales deben construirse alrededor de la persona, con el fin de alcanzar un nuevo nivel de vida”, explicó.

Putin adelantó que las familias rusas con bajos ingresos recibirán mayores subsidios para cada hijo partir del 1 de enero de 2020, a lo que hay que sumar descuentos hipotecarios, que en el caso de las familias numerosas incluirán un pago de 450.000 rublos (casi 7.000 dólares).

En una medida que afectará a millones de personas en este país, el Gobierno eliminará los impuestos sobre bienes raíces a los terrenos menores de seis “sotkas” -600 metros cuadrados- , la medida estándar de una “dacha” (casa de campo).

El objetivo es animar a los rusos a tener hijos y lograr un crecimiento natural de la población para 2023-2024, aunque Putin culpó de la reducción de la población no a la mala gestión económica, sino a las secuelas de la Segunda Guerra Mundial (1939-1945) y de la desintegración de la Unión Soviética (1991).

“Logramos revertir las tendencias demográficas negativas a principios de los años 2000. Entonces parecía imposible. Y lo hicimos. Estoy convencido de que de nuevo seremos capaces de hacerlo”, señaló.

El Estado también promoverá la construcción de viviendas individuales, perdonará hipotecas a las personas que se queden sin ingresos e indexará las pensiones por encima del mínimo de subsistencia de un jubilado, prometió.

Otra de las prioridades es que “para finales de 2020 la atención médica debe ser accesible para todos los pueblos de Rusia sin excepción y para todos los ciudadanos independientemente de dónde vivan”.

Para ello, el Gobierno promoverá un programa estatal para que especialistas de más de 50 años acepten trabajar como médicos rurales, lo que incluirá una paga extra inicial y la construcción de 1.590 ambulatorios y enfermerías en los próximos dos años.

Putin admitió que la pobreza afecta a 19 millones de personas, la mitad que cuando él llegó al poder hace casi 20 años, pero varios millones más que a mediados de esta década.

“Son demasiados”, aceptó y propuso un “contrato social” en virtud del cual el Estado ayuda a encontrar trabajo, mejorar su calificación profesional o abrir un pequeño negocio.

Para lograr esos objetivos, la economía nacional debe crecer un 3 % en 2021 y superar la media mundial en los años siguientes, algo que muchos analistas ponen en duda.

El contrato social anunciado por Putin intenta frenar el descontento popular que causó la reforma de las pensiones, proyecto que fue aprobado pese a ser rechazado por un 90 % de la población.

Putin había prometido que nunca elevaría la edad de jubilación, pero aprovechó su aplastante victoria electoral para desdecirse y aprobar la impopular medida.

El anterior contrato que Putin “pactó” al llegar al poder hace 18 años consistía en que el Kremlin garantizaba el orden, acababa con la amenaza terrorista y el separatismo chechén y aseguraba una mejora del nivel de ida, y la población rusa aceptaba no meterse en política.

La estabilidad se mantiene y el terrorismo ya no es una preocupación, pero el pueblo ya no ve con optimismo el futuro, ya que la economía nunca llegó a recuperarse de la crisis de 2008, ya no digamos del desplome de la bolsa de 2014, sobre todo tras la drástica caída de los precios mundiales del petróleo.

El frigorífico parece haberle ganado la partida a la televisión, es decir, a la propaganda de que todo va bien, a pesar, en particular, de los presuntos esfuerzos de Occidente y Ucrania de estropear la vida a los rusos. EFE

io/si