De La Meca a Bagdad, los musulmanes degüellan corderos en su fiesta grande

12 agosto, 2019
De La Meca a Bagdad, los musulmanes degüellan corderos en su fiesta grande

El Cairo, 12 ago (EFE).- Desde La Meca hasta Bagdad, pasando por Jartum, los árabes musulmanes celebran hoy su fiesta grande, el Aíd al Adha, en la que degüellan corderos y otros animales para recordar como el profeta Abraham ofreció su hijo primogénito a Dios y en la que nadie quiere renunciar a su ración de carne, a pesar de todo.

EL CAIRO

En la capital egipcia, las dificultades económicas no han impedido que los que pueden permitírselo hayan sacrificado una res en la calle, como es tradición, haciendo caso omiso a la invitación de las autoridades para que acudan a los mataderos estatales, bajo amenaza de multar a los que hacen la matanza en la vía pública.

Los menos pudientes dependen hoy de las donaciones, ya que una parte importante del espíritu del Aíd al Adha es la solidaridad y según el islam cada persona que sacrifica un animal debe ofrecer un tercio a los más necesitados, un tercio a amigos y conocidos, y el tercio restante es para el consumo familiar.

LA MECA

En la ciudad santa de La Meca se sacrificarán hasta un millón de cabezas de ganado en un plazo de cuatro días, dentro de los rituales de la peregrinación anual o “hach”, que este año congrega a casi 2,5 millones de fieles en Arabia Saudí.

Las autoridades locales han establecido ocho grandes mataderos, con 40.000 empleados que trabajan en la matanza de reses, cuya carne es consumida por los peregrinos en La Meca y los excedentes son conservados en congeladores y transportados para ser donados a otros países musulmanes, a través del Banco Islámico de Desarrollo.

El sacrificio del ganado dio comienzo este domingo después de que los fieles llegados de todo el mundo llevaran a cabo el destacado rito de apedrear al diablo, que consiste en arrojar guijarros contra unos pilares que representan las apariciones del demonio al profeta Abraham, situados en la zona de Mina de La Meca.

JARTUM

Este año, las lluvias aguaron la fiesta del Aíd al Adha a los sudaneses en Jartum, que no pudieron realizar el rezo del alba, con el que arranca la festividad, en plazas públicas y espacios abiertos.

Asimismo, la situación política y económica ensombreció la celebración en Sudán, que se encuentra en una delicada fase transitoria tras el derrocamiento del presidente Omar al Bashir el pasado mes de abril.

Desde las mezquitas, los imanes denunciaron el vacío de poder e instaron a las fuerzas políticas civiles y a la junta militar que dirige el país a que formen cuanto antes un Gobierno de transición, tal y como estipula el acuerdo que sellaron el pasado julio.

El predicador de la Gran Mezquita de Jartum, Hasan Saleh, aseguró en su sermón que “el pueblo no está feliz por los precios elevados de productos y servicios”, lo cual hizo que muchos no hayan podido adquirir y degollar un animal.

BAGDAD

Mientras, en Bagdad ha sido un Aíd más feliz que en los últimos años debido a la reapertura de calles y carreteras, tras el levantamiento de las barreras de seguridad que habían hecho de la capital iraquí un laberinto.

A diferencia de otros años, hasta el momento no se ha registrado ni un sólo atentado durante estas festividades y los iraquíes celebran el Aíd al Adha en calma desplazándose por la capital sin muchas dificultades ni retrasos.

Las familias se reúnen en la casa del miembro de más edad para comer juntos la carne de los animales sacrificados y luego van al cementerio a honrar a sus muertos o visitan a amigos y familiares, y en cada encuentro se toma té con “kleicha”, una galleta típica.

AMMÁN

También en Jordania los dulces típicos “baklava” tratan de endulzar los tiempos de crisis económica por la que muchos jordanos no pueden cumplir con todas y cada una de las tradiciones del Aíd al Adha: comprar regalos para los más pequeños y las mujeres, degollar un cordero, vaca o camello, o hacer una excursión.

Escaparse a las playas del mar Rojo de Jordania y Egipto, o viajar a algún otro paraje lejos del calor sofocante del verano es algo a lo que sólo una minoría aspira, mientras que la mayoría sólo desea disfrutar hoy de su ración de cordero. EFE

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